Himno de las Piragüas

Guarde el público silencio (bis)

y escuche nuestra palabra (bis)

 

De orden de Don Pelayo

después de medir las aguas,

presidiendo el dios Neptuno

los actos de esta olimpiada,

con las novias, los tritones,

el cañón, los centauros y Pialla...

nuevamente se autoriza, en Arriondas,

la carrera de piraguas.

Y cuando demos los vivas

que el reglamento nos manda,

contesten todos a coro,

enronquezcan las gargantas,

que es fiesta de toda Asturias.

Más si alguno tiene cerca

una chavalina guapa,

que no la pierda de vista

ni deje de vigilarla;

y, si de veras le gusta,

comience ya a enamorarla,

porque es tradición que en Llovio,

al final de esta jornada,

cuando de las siete en punto

resuenen las campanadas,

a las mozas que lo quieran y se dejen,

Don Pelayo da permiso

para poder abrazarlas.

Y si luego, andando el tiempo,

vamos al cura y nos casa,

con los neños que tengamos

vendremos a las Piraguas

con los collares de flores

y las monteras terciadas,

que no hay fiesta más alegre,

ni más movida y galana,

ni con más bello paisaje,

ni esencia más asturiana.

Cantadlo con toda el alma,

que resuene en todo el valle,

 

¡Asturias Patria Querida!

el himno de las Piraguas.